Ya se acerca la Navidad y como cada año en los pueblos y aldeas de las zonas rurales es tradición pedir el aguinaldo( nosotros deciamos “venimos a pedir el aguilandu”). Recuerdo con cierta añoranza cuando nos preparábamos ensayando el canto de los villancicos que no podían oir los del otro barrio porque entonces los copiaban y queriamos ser exclusivos y sorprenderles con canciones nuevas que nosotros adaptabamos a la música de los villancicos tradicionales.
Ese día teníamos que madrugar porque andábamos todo el pueblo y los de alrededor, llamando en cada puerta, cantando y a la vez tocando la pandereta y castañuelas.En un principio recuerdo que una era la bolsera, recogía todo el dinero y luego nos sentábamos a repartirlo , pero en los últimos años ya cada una llevaba su bolsita de tela( generalmente hecha por la abuela de algún trapo viejo) a la que se le ponía un cordón y colgábamos al cuello. En ella íbamos metiendo las monedas que nos daban, porque billetes no había, también alguna vez ( muy pocas) nos daban algún polvorón o mazapán).
En algunas casas nos daban muy poco dinero y a veces nada,entonces allí cantábamos poco tiempo, si la moneda era mejor cantábamos y tocábamos más tiempo.
Recuerdo algún estribillo como :
“Abre la puerta María y no te hagas de rogar
porque hace mucho frío y nos podemos helar”
No sé con exactitud los orígenes de esta tradición, creo que se remonta a la época de Rómulo , monarca de Roma y existen muchas variaciones dependiendo de la zona.
En mi pueblo al menos, los niños pedían un día y las niñas otro, ellos era el día 31 de diciembre y siempre cantaban: “Hoy es el día San Silvestre, el último del día del año, aquí venimos los niños a pedir el aguinaldo”…Sin embargo las niñas no podíamos pedir hasta el día 6 de enero , día de Reyes y se nos amontonaba el trabajo. Madrugábamos mucho, había que ver los juguetes, después había que pedir y terminar para las 12 que era la misa y había “revoltijo ” en el catecismo. En fin un día con mucho jaleo y muchos nervios pero a la vez mucho entusiasmo y alegría. Ojalá no se pierdan esas tradiciones y perduren en el tiempo para que los niños/as que acaban de nacer no se pierdan esas experiencias que aunque pasen los años sigues recordando con cariño porque sinceramente pienso que la infancia en los pueblos es maravillosa.